¿Y por qué no podemos impedir que se vayan de la ciudad?... siempre acaban marchándose.Está bien recoger muebles de la calle. De hecho, me parece lo mejor (después de un desván familiar).
Obvias, poéticas, groseras, militantes, pizpiretas, enamoradas, traviesas... las paredes que susurran -a veces gritan- historias de la ciudad.
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